"AS
MUXICAS"
por
Sara E. Rodríguez Mata
As
Muxicas (2002) es un cortometraje que narra una historia
sobrecogedora, y que su propio director - Carlos
Alberto Alonso - resume como "una reflexión
sobre la incomunicación y sus peligros". La historia transcurre
en la Galicia rural de los años 20, en el ayer indeterminado
de las leyendas y los cuentos populares; alejada de toda referencia
a la realidad presente, es decir, a lo que el espectador pueda identificar
como común y cotidiano.
Desde
el comienzo de As Muxicas , su
autor nos sumerge en la Galicia más profunda y mágica,
en un entorno digno de cualquier relato de Valle-Inclán.
Si el autor de Luces de Bohemia
viviera, le pediría a C. Alberto
que fuese él quien llevara sus historias al cine, porque nadie
estaría mejor capacitado para recrear lo que nos describió
e inventó Valle.
Según
palabras de Alejandro Amenábar
(durante el pase televisivo de este cortometraje en Version
Española de TVE) en As
Muxicas se percibe cierta influencia de la obra de David
Lynch, en lo que yo estoy de acuerdo; sin embargo, hay
más del director de Terciopelo Azul
en The End (1996), anterior 35
mm del gallego. Podriamos decir que The End
es casi como un homenaje a Lynch, ya que no sólo se observa
la influencia por la aplicación de la estética, sino
por cómo se mira la historia y se trata la música, factores
tan característicos y reconocibles en la obra de David
Lynch.
En
As Muxicas, por otra parte, se
aprecia un gusto y empatía hacia el cine fantástico.
Y es en este corto donde se puede hablar de fantasía y de mundos
míticos. La fantasía, la imaginación fabuladora,
crea un nuevo mundo que escapa a los sentidos, que se remonta sobre
la visión que los sentidos nos ofrecen de la realidad. Este
mundo creado por la imaginación es el mundo de los dioses y
de las fuerzas mágicas que sirven para dar razón de
las cosas que hay, y de los acontecimientos que ocurren.
Los
planos generales de As Muxicas
nos sitúan en el contexto general de la Galicia ancestral,
la céltica, la de los viejos mitos y leyendas. Después
nos invita a pasar a una morada desconocida, donde habita un matrimonio,
lejos de ninguna parte: porque viven alejados de la aldea y sin contacto
con otras personas y porque entre los dos ancianos no existe relación
ni vínculo comunicativo.
Sin
embargo, Alberto ha querido retratar este escenario a su forma, con
un estilo personal, sin caer en tópicos (más aún
en este género). Alberto ha puesto su corazón, su amor,
su alma, sus sentimientos y eso se percibe a la hora de tratar a los
personajes. Porque a parte de las muchas caras ocultas y complicadas
del séptimo arte, está el dirigir a los actores , y
más aún, transmitirles un sentir especial; y los personajes
de Felicidad y Manuel son ese tipo de personajes complejos, que guardan
al espectador más información de la que ofrecen y que
por desgracia, nos encontramos muy de tarde en tarde.
"Tengo
que hablar contigo" Manuel
"¿Qué pasa?" Felicidad
El
silencio. El silencio es el instrumento fundamental para
crear miedo y suspense. Los silencios en el cine de C.
A. A. dicen más que sus diálogos. Los personajes
transmiten más emociones cuando callan, cuando acatan las normas
por que así tiene que ser. Los primeros planos del rostro de
Felicidad (Fely Manzano), de sus manos cortando judías... Acompañados
del único sonido de la estancia: el reloj impasible que cuenta
las horas, que restan minutos de vida. El reloj que marca los segundos,
ese sonido del tic-tac que parece ir marcando las horas que quedan
para morir. Pero ella parece aferrarse a la vida. No quiere que el
reloj deje de funcionar, no quiere que se pare. Por eso, se mantiene
muy atenta, para darle cuerda, una y otra vez. Que no se pare el reloj,
porque si se para, se para también su corazón.
La
luz. La fotografía, de Roberto
Escudero "Txaka", es majestuosa. Esa oscuridad
acompaña a la historia, es misteriosa, como las miradas de
los personajes. Esa atmósfera cargada de silencios, donde predomina
el sonido de elementos sencillos e imperceptibles en lugares tumultuosos
se ven iluminados por la discreta luz de la hoguera, o de la luz que
se cuela cuando se abre una puerta. Con una gran técnica, los
personajes se presentan siempre en la casa en claroscuro, la penumbra
es esencial para la historia que nos cuentan. Los personajes, en la
mayoría de las veces, sólo están iluminados por
la fuente de luz que proviene de la entrada, o del fuego de la cocina,
o de la luz de una vela en el dormitorio...
"Tengo que matarte" Manuel
Además
del tema principal: la muerte y cómo los personajes
se enfrentan a ella de la manera más natural y sin reproches,
en As Muxicas hay más subtemas:
la incomunicación, la soledad, la vejez, etc. La muerte, siempre
lo he dicho, al final es como el nacimiento. La aceptamos, de la misma
forma que uno acepta que va a nacer. Qué hay en la muerte que
tan cerca está de la vida, por paradójico que resulte.
Qué sienten los moribundos, los que no se aferran a la vida,
los que la aceptan, como el que acata las normas impuestas, que van
a morir.
La
incomunicación entre los personajes queda patente desde el
primer momento, cuando el espectador descubre que apenas se dirigen
palabras. En los matrimonios ancianos a veces ocurre eso: llega un
momento en que no tienen nada que decir y existen esos momentos cargados
de un silencio asesino que es lo que les va matando. Esa incomunicación
y esa soledad -los dos están solos, apartados de la civilización
- se ejemplifica perfectamente en dos momentos de la película:
cuando ella va a acariciarle a él la mano y, éste la
retira, y cuando vemos que el matrimonio duerme en camas separadas.
Entonces, el espectador se pregunta por el amor de estos personajes,
se pregunta si alguna vez se quisieron, si alguna vez llegaron a tener
pasión y si fue así, cuándo y por qué
la perdieron. Cuándo las personas somos demasiado mayores para
dejar de amar y cuándo demasiado jóvenes para amar.
"Eres
más grande de lo que pensaba" Manuel
El
espectador nota que ellos hablan poco o casi no hablan cuando Manuel
le dice a Felicidad: "¡tengo que hablar contigo!";
a lo que ella responde: "¿qué pasa?". Ella
se siente turbada porque no es normal que su hombre quiera hablarle.
Otro ejemplo lo encontramos cuando en la madrugada, antes de volver
a cavar, Manuel se dispone a medir el tamaño del cuerpo de
Felicidad y se da cuenta de que es más grande de lo que pensaba...
La
música. El sonido de la zanfoña presagia
la muerte, es un sonido a llanto, como el de los animales - el de
perros y lobos que aúllan en la noche - y eso presagia para
quien lo escucha noticias de muerte. Además, el sonido de los
tambores también se asocia al presagio de muerte. La música
en este cortometraje nos ofrece mucha información. Oscar Fernández
compone la banda sonora de As Muxicas
que llenan los silencios, en los que nos anticipa el drama final.
"Cava
poco profundo, quiero quedar arriba, cerca del suelo...Cerca de la
vida" Felicidad
Visiones
y sueños. La visión de As
Muxicas (esas pavesas que salen del fuego) pronostican
la muerte para quien las ve y son estas "Muxicas" las que
condicionan la aptitud visionaria de Manuel (Tucho Lagares) y explican
la repentina necesidad de preparar la mortaja para su esposa. Una
mortaja primitiva, pues es simplemente un hoyo en la tierra. Sin embargo,
las "Muxicas" anuncian y anticipan otros sucesos de la historia:
Manuel cae enfermo, y culpa de su enfermedad al mismo elemento que,
sobre todo, configuran y recrean ese ambiente de transrealidad en
el que están inmersos Felicidad y Manuel. La fiebre de Manuel
hace más acuciante, aún si cabe, sus visiones y en ese
delirio se obceca por terminar de cavar la fosa para su esposa...
Manuel la está matando en vida, ella está sana, pero
él se empecina en que pronto va a morir.
Este
ambiente de transrealidad también está marcado por la
influencia que ejercen los cuatro elementos: el agua, la tierra, el
fuego y el viento. El agua = lluvia; tierra = el suelo en el que cava
Manuel; el fuego = la lareira y el viento = que sopla y precede a
la lluvia. Es por eso que As Muxicas
está cargada de mucha simbología. Esos elementos que
tan presentes están durante el cortometraje, se esfuman al
final, cuando tiene lugar el desenlace de la historia ya que escampa
la lluvia, el fuego se consume y del sólo quedan cenizas, el
viento está apaciguado y la tierra...
Un
final un tanto agridulce para una historia que nos advierte de lo que
acompaña a la incomunicación, y nos enseña a estar
más atentos a las llamadas de la naturaleza y a escuchar los
sonidos del silencio (el tic-tac del reloj, el crujir de los muebles,
la respiración de quien duerme a nuestro lado...). En definitiva,
una obra que no debiera dejar de ser vista por nadie, no sólo
por la historia que nos narra sino porque nos presenta a un director,
Carlos Alberto Alonso, que a pesar
de su juventud y de su corta trayectoria (sólo dos cortometrajes
en cine) demuestra una gran madurez cinematográfica. Una cualidad
artística, la de este director, que no debiera desperdiciarse;
claro que eso depende del devenir de la producción cinematografica
española, que según cuentan, no pasa por uno de sus mejores
momentos. Aunque yo voy más allá. De productores y directores
avispados ha dependido el fluir de nuestra cinematografía. Ejemplos
los encontramos en ese José Luis Cuerda
que se interesó por Amenábar
[cuando él era un completo desconocido] al ver su corto titulado
Himenóptero. Hubiera llegado
a dirigir algún día, o no... Quién sabe. Pero seguro
que nunca hubiera sido lo mismo.
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